Wednesday, 26 December 2012

El saxofonista Wayne Shorter vuelve a casa...




Lleva media vida persiguiendo una música “que no suene como música”: “Miles Davis solía decirme: ‘tío, ¿no estás harto de tocar música que suena como música?’. Se trata de llegar a algo que no resulte conocido… eso busco”. Wayne Shorter (Newark, 1933), saxofonista y compositor de jazz, saltó excepcionalmente de su madriguera en Beverly Hills para actuar en el X festival de Jazz de la Riviera Maya, en México. Sobran los motivos: 43 años después de su debut con el sello Blue Note, tal vez el más legendario del género, Shorter vuelve al lugar que le vio nacer como una de las voces más singulares del jazz contemporáneo, con Without a net. Sin red.
“La palabra jazz significa decir lo que tienes que decir en el momento en que lo dices. Es como cuando un hombre conoce a una mujer y acuerdan una primera cita, la conversación, los diálogos, todo está ensayado, todo ha sido preparado… lo mismo sucede en las negociaciones entre Estados o en los debates presidenciales, todo está escrito. También una buena parte de la música que escuchamos cotidianamente está ensayada para conseguir la perfección. Desde mi punto de vista, solo hay una cosa que es más perfecta que la propia perfección, y es lo imperfecto. Como sucede en las relaciones entre un hombre y una mujer, lo que importa es la interacción”.
Shorter sabe de lo que se habla: en sus conciertos, no existe nada que pueda llamarse un “repertorio”, más allá de las breves notas que sirven a los ejecutantes como lanzadera en sus viajes hacia lo desconocido. “Si tocas jazz, estás completamente desnudo. No vale lo que has traído pensado de casa, tienes que expresar lo que está en tu corazón. Me gusta esa sensación de estar sobre un escenario sin ningún tipo de protección. Estás tú, y la música, y debajo no hay nada. De eso es de lo que habla el disco”.
El álbum presenta al saxofonista junto a su cuarteto de los últimos años.
Danilo Pérez, al piano; John Patitucci, al contrabajo, y Brian Blade, a la batería. A ellos se une el conjunto The Imani Winds para la interpretación del poema tonal Pegasus. No es la única sorpresa: en el temario destaca una versión apenas reconocible de Flying down to Rioprocedente del musical homónimo, que supuso la primera aparición en pantalla de la pareja Fred Astaire y Ginger Rogers. “Con el cuarteto nos dedicamos a imitar lo que vemos en el cine. Esa es nuestra principal fuente de inspiración. Hay libros que te enseñan a comportarte en público pero, sobre el escenario, hay que olvidarse de todo. En ningún momento tratamos de presentar nuestras credenciales musicales. Buscamos la sencillez en el ser humano, no hacer gala de lo que sabemos de armonía o ritmo”.
La herencia de Miles Davis, su primer empleador serio (militó en el segundo quinteto del trompetista, una de las bandas más influyentes del siglo XX), sigue viva en la música de Wayne Shorter. Aunque sin asomo de nostalgia: “Miles decía que hay que huir de la gente que piensa que el jazz debe ser de un cierto modo porque el ‘cierto modo’ casi siempre es terrible. Su actitud ante la vida era la muestra perfecta de la integridad y la nobleza de su corazón, y lo mismo puede decirse de todos los que crearon el nuevo jazz, Charlie Parker, Dizzy Gillespie o Sonny Rollins. Una vez le preguntaron a Rollins por qué tocaba esa música que entonces resultaba tan extraña: “No la tocábamos porque quisiéramos ser famosos o presumir de virtuosismo, la tocábamos para ser humanos”.
“Innovar”, palabra que surge una y otra vez en cualquier conversación con Shorter, es, en la forma de ver el mundo del saxofonista, “enfrentarte a lo nuevo”. “Constituye el mayor de los retos, porque nunca sabes lo que va a suceder. El efecto puede ser paralizante. Es como cuando estás delante de una mujer hermosa, a veces te quedas en blanco y ya no hay modo. Lo peor es actuar como si fueras un profesional”.
Al filo de los ochenta, Without a net asienta su compromiso con la faceta más innovadora y creativa del género. El número uno entre los compositores de jazz en ejercicio (así lo ha considerado en repetidas ocasiones The New York Times) apenas se pone delante de un papel pautado, salvo en caso de extrema necesidad.
Todo lo que tiene que decir, lo expresa sobre el escenario. “Antes pensaba en mí mismo como un compositor que crea su música en tiempo real; con el tiempo he pasado a considerarme un decompositor.Lo que me gusta del proceso creativo es no saber lo que va a ocurrir, el reto de ver cómo puedes llegar a un acuerdo con lo desconocido. Tenemos que aprender a existir fuera de nuestra zona de comodidad”. Ese lugar en el que los mejores acróbatas se la juegan sin red.

Fuente: El Pais

Cuatro hitos de medio siglo de compromiso con la improvisación

Wayne Shorter. Speak no evil (1964). Uno de los álbumes más significativos de su carrera y Blue Note. La finura, el misterio, la exploración… todos los elementos que hicieron irrepetible la asociación entre artista y compañía están contenidos en esta obra maestra.

Miles Davis. E. S. P. (1965). Marcó la entrada de Shorter en la banda de Miles Davis, así como el inicio de una nueva era dorada en la trayectoria del trompetista. Le consagró como uno de los mejores compositores del jazz moderno.

Weather Report. Heavy weather (1977). Shorter sirvió en los 70 en compañía del teclista Joe Zawinul en las filas del jazz rock como colíder del supergrupo Weather Report. Este disco fue su mayor éxito gracias, sobre todo, al tema que abre el álbum, Birdland.

Wayne Shorter. Footprints live (2003). Masquelero, Sanctuaryo la que sirve de título al disco: Shorter recurrió a sus mejores composiciones para el primer registro de su nuevo cuarteto (con Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade). Supo reinventarse al filo de los 70.

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